5) Al poco tiempo, ella dormitaba. Aproveché para observarla. Sus cabellos oscuros estaban cortados al estilo que yo llamo japonés. Rectos sobre la frente y conteniendo al óvalo de la cara en una especie de rectángulo. Sus facciones eran suaves y pacíficas, nada de esos mentones voluntariosos, o esas arrugas que denotan obstinación. En nuestra sociedad se alaba mucho esta característica. Pero a mí no me gusta. Hasta me molesta ver en la televisión a un grupo de atletas dejándose los pulmones por una décima de segundo. Han convertido el deporte en algo antideportivo. El deporte es un medio, no un fin. Esta sociedad interesada y finalista.
Pero era mejor olvidar a ese mundo obstinado que siempre se sale con la suya hasta su propia autodestrucción.

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