Idealismo
La sociedad burguesa intenta presentar a la moral desde una perspectiva idealista, es decir, como una verdad permanente, eterna, exterior a los propios sujetos que han de "sujetarse" a ella y asumirla, por lo cual, cuestionarla e intentar alterarla afecta a lo más esencial de su ser, a su propia perfección. Lo perfecto es intocable.
El pensamiento único, la promoción de la "excelencia", esta egolatría sin causa que se escapa por todos los poros de nuestra sociedad, este amaneramiento pedante de seres exquisitos y autosuficientes, no es casual. Es el gran muro (este si que es un muro) que ha de avergonzar a todo aquel que intente saltarlo y escapar a sus pautas.
Sostener que la moralidad es un producto más de la economía de una época y por lo tanto forzosamente cambiante, ha sido siempre anatematizado: rompe un círculo vicioso muy interesado: el sistema económico, que a su vez fortalece una determinada moral.
Moral de ombligo para abajo.
Hay quienes sostienen que un hombre esclavizado sexualmente, lo es mental y socialmente. Y parece que es verdad, dado nuestro extraño sistema de moralidad. Hombres y mujeres, grandes como casas, ilustrados, aparentemente liberados, muestran actitudes totalmente incongruentes según la esfera de la que se trate.
Por ejemplo, las liberales pro abortistas gritan desafiantes: "nuestro cuerpo es nuestro" lo cual no es tan cierto, pero luego muchas de ellas le niegan esta propiedad a las trabajadpras del sexo para entregárselo al censor moralista.
Decimos que no es tan cierto porque en este asunto no hay sólo una parte, la mujer, sino tres: ella, el no nacido y el futuro padre. Esto se puede regular como se desee, incluso darle absoluta potestad de acción a la madre, pero no perdiendo de vista a todos sus sujetos.
Otra de las contradicciones más llamativas de este parcialismo moral es que la sensibilidad humana está a flor de piel... sólo para cuestiones sexuales.
Lo social, lo económico, no existen, no stán en cuestión, en cuanto que alteran gravemente el basamento de tan puritana sociedad. No en balde se habla de honestidad, y no de honradez. Como que no son la misma cosa.
Por ejemplo, todos aquellos que pretenden la abolición de la prostitución lo hacen asumiendo insensiblemente que estamos en una sociedad en la que un salario de 600 euros al mes, con un contrato temporal, es ya cosa normal, y que aún puede ser peor, es decir, terminar en la vía muerta del paro.
Eso no les preocupa, igual que no les preocupa la mortandad por accidentes laborales, las enfermedades laborales, ni el sufrimiento social.
Esta mañana, por ejemplo, varias cafeterías le han negado un café (pagando) a un mendigo. Las expresiones de asco eran evidentes, y a quien pretendió obtenerlo en un vaso de plástico y entregárselo al mendigo en el exterior, se le reprochó que así, tan desagradable individuo intentaría tomar café todos los días, lo cual es inconcebible. ¿Servicios sociales? Pues un poco como aquellas instituciones caritativas del siglo XIX, que más que la salud del indigente, cuidaban la propia salud moral para recibir en el reino de los cielos y de la tierra la cuota correspondiente ampliada. Además, estos servicios, para la publicidad, son muy útiles. Colman el buenismo de la sociedad bienpensante.
Represión
Más bien habría que decir que la cosa va más por la represión. El beneficio económico necesita orden, y el orden represión, y la represión justificación moral. En las guerras hay que ganar previamente la batalla psicológica. Anatematicemos, es la clave.
¿A estas alturas quién nos iba a decir que hay quienes proponen que terminemos en la cárcel por "ir con mujeres malas que fuman y llaman a los hombres"?
Pues, así es, y todo porque junto a la prostitución alegal--normal, hay prostitución delictiva.
¿Imaginan que la sociedad se planteara prohibir el trabajo y encarcelar a todos los trabajadores y empresarios que establecieran relaciones laborales por las situaciones laborales ilegales, impresentables, esclavistas que se dan?
Se respondería que hay que perseguir y reprimir lo ilegal, nada más.
Aunque, es comprensible esta mentalidad. Un ejemplo: antes, las bajas de la guerra eran esencialmente militares. Hoy son civiles. Claro: cuando se bombardean las ciudades no se quitan. Habrá que prohibir los ciudadanos para que np produzcan daños colaterales en la sensibilidad de los pilotos.
Manipulación
Pero estas fuerzas represoras son expertas en la manipulación de la sensiblería moral y de la opinión pública. Históricamente se viene utilizando un sistema muy eficaz. Localizamos y señalamos el territorio a ocupar, colocamos en el una "pieza de convicción" tóxica, y quedará justificado que las fuerzas de la razón, de la civilización, de los derechos humanos (políticos, no sociales) impongan la sinrazón a bombazo limpio, que para eso son fuerzas humanitarias de paz.
Como era incompatible la libertad absoluta que se quiere para el comercio, para las relaciones laborales, para las relaciones contractuales, en las cuales too se compra y too se vende, los moralistas encontraron otra justificación incontestable para la represión: el 90% de las trabajadoras del sexo están bajo el poder de las mafias.
Resulta sorprendente que en un país en el que las encuestas son tan poco fiables los encuestadores hayan podido determinar qué prostitución es autónoma y cuál forzada. Increible; repito: no sabemos por culpa de la economía sumergida (dicho por múltiples expertos) el paro real que hay.
¿Imaginan al encuestador o encuestadora de turno preguntando?: ¿y vd. señorita (o señorito) está amenazada? "Sí, sí, terriblemente". "Muy bien, pondremos una x aquí, y muchas gracias por su gentileza al contestar, y muy buenas tardes, que si la hemos visto no nos acordaremos..."
¿Tan ineficaz es la policía que ha sido incapaz de detener a un 90% de víctimas confesas?
Que esa es otra, ya están censadas, contadas y clasificadas. Maravilla de eficacia.
Pero
Pero que las cosas sean como son es algo asumido. Después de todo se veía venir ante la inanidad del público más liberal, la insaciabilidad de los poderes, la hipocresía y mojigatería de la moral imperante, la beligerancia de las iglesias (todas)... pero...
...pero que la propuesta más clara viniera del PCE, del predestinado al fomento de la rebelión, de la insurgencia, de la insurrección, del levantamiento de los que ansían pan, de los parias, eso no, eso no nos lo esperábamos.
Y además, dicho como lo han dicho, por boca de ese nuevo "moztruo" regeneracionista del país, rápido y fulgurante como una centella.
¡Los inmorales, todos a la cárcel! (con excepción de los pudientes, que esos pueden coger un "jet" e irse a un país permisivo, como ocurría en la época de Franco, que la moralidad es para los pobres).
La España de los derechos civiles
Y es que a los partidos políticos españoles les ha encantado eso de la lucha por los derechos civiles; es tan hollywoodiense. Los debates sobre el matrimonio de los homosexuales, sobre fumar aquí o allí (beber alcohol, una droga, eso no es cuestión), sobre si se debe decirr miembro o miembra, eso les ha encantado. Es tan poco comprometedor. Es tan diletante...
Ahora le ha tocado a la prostitución
Sí, ahora le ha tocado a ella, que tiene nombre de mujer, y a sus clientes. Será la mejor forma de obviar los otros problemas existentes, que son demostradamente graves como para que intenten resolverlos. Y no hablamos de esta crisis próxima, sino de aquella que comenzó desde que se normalizaron los sueldos de 800 € (65% de la población española, según dicen) y los pisos a 6.000 € el metro cuadrado.
Esto recuerda al comentario de un historiador sobre la República española: que los empresarios estaban encantados con las discusiones religiosas, en cuanto evitaban las de contenido social y económico. Idealismo puro. Abajo el materialismo filosófico. In god we trust. Viva el dolar, o el euro, o lo que sea.
Pero..., Centella ¿tú, también, Bruto, hijo mío?
Penalización del cliente
Es la excusa para escapar a las críticas de los antiprohibicionistas. Como la persecución de la trabajadora sexual evidencia el machismo del legislador y la convierte en víctima, se busca un nuevo chivo expiatorio cuya misión embozar el asunto y evitar llamar al pan, pan y al vino, vino. Adulterando el lenguaje la represión se convierte en liberación, y la persecución en impulso social.
El nuevo chivo expiatorio es el cliente ¿qué más da? Según esa hipotética ley, seguramente solicitar los servicios de una trabajadora sexual, será catalogado como incitación al delito. Es inimaginable el tipo de violencia de género que pretende Centella argüir, ya que no la hay, ni física ni verbal. De aceptorlo así, habría que deducirlo de cualquier petición sexual al margen de lo cotidiano..
Lo único que cabe aquí es denominar las cosas por su nombre. Se pretende penalizar la prostitución, es decir, el intercambio sexual por dinero u otros bienes, e incurrirá en delito quien lo intente de una u otra forma. Es decir, que la trabajadora del sexo también podrá ser encausada por incitar a un hombre a tener una relación sexual por dinero. Lo mismo vale para la prostitución masculina u homosexual. No se le dé vueltas. Porque, incluso en el ámbito procesal penal habría que determinar qué tipo de delito es, si público, semipúblico o privado, lo cual llevaría a distintos tipos de denuncias y querellas, y a distintos tipos de legitimación y de recurso.
¿La pornografía también?
Y puestos a ser congruentes, una vez estigmatizada legalmente la prostitución, se tendrá que prohibir toda la pornografía, porque habrá quienes sostengan, y en este caso con razón legal, que quien gana dinero mediante la realización del coito, aunque sea con el calificativo de actor o actriz, entra (entrará) en el ámbito subjetivo de la penalización... Y sus ojo-clientes también, pues son causa de esa actividad. Y también hay que suponer que los productores y directores de cine pornográfico entrarán de pleno en el ámbito de las mafias organizadoras de tráfico sexual.
¿Igualdad desigual?
Y puestos a aplicar el principio constitucional de igualdad, habrá que reformar la ley de la igualdad y de violencia de género, en cuanto que si para la prostitución se han equiparado los sexos (trabajadoras y trabajadores del sexo), habrá que contemplar esta equiparación para las víctimas y los víctimos.
Científico Centella
No dudamos que el secretario Centella ha estudiado el asunto (seguro que ha hecho un postgrado en Estocolmo) y que previsto la incidencia que el prohibicionismo puede tener sobre la criminalidad sexual.
Porque en este país, nos encanta improvisar, sobre todo respecto a lo que ignoramos. Antes de realizar un simposio sobre qué tipo de estado queríamos, necesitábamos, hala, 17 autonomías, más autonomía municipal, universitaria, de la voluntad... para todos, excepción hecha de trabajadores y trabjadoras del sexo y de sus pervertidos clientes y clientas, los cuales no tienen otra culpa que la de ser rechazados por las mujeres y los hombres castas.
Todo aquel que sepa mínimamente de esto, sabe que con la represión sexual aumentan las patologías, los delitos, los crímenes sexuales. Y esto sin tocar el asunto central que es la inmersión de la prostitución en la ilegalidad, en la punibilidad. ¿De cuándo la ley seca acabó con el alcoholismo? Al revés, aumentaron los alcohólicos, las bebidas adulteradas, los traficantes, toda la economía sumergida que conlleva, el gangsterismo, la falta absoluta de control, la corrupción pública y privada.
En su tiempo era muy común que las feministas más radicalizadas pidieran las más altas penas para la violación. Tan altas que equipararan al asesinato. Pero el odio no basta para legislar, ni la pasión, ni la ceguera, ni la desinformación. Todos los criminólogos comprendieron pronto que equiparar las penas de violadores y asesinos era provocar que después de violar a la víctima se la matara, porque, después de todo, si el castigo era igual, el asesinato era más rentable en cuanto aumentaría las posibilidades de impunidad.
Pero no: una causa para vivir yo en exclusiva, y que los demás resuelvan sus problemas. Cualquier bandera, con tal de que aglutine huestes.
Porque si se piensa bien, fijémonos en el amor de estos puritanos sociales.
En puridad:
¿Qué quieren para los trabajadores del sexo? El paro. No otra cosa ofrecen.
¿Que no quieren para esos trabajadores? Protección social, sanidad pública, pensión de vejez, que eso es lo que les niegan oponiéndose a la legalización.
Ojalá los dos grandes partidos sean conscientes de la insensatez que se está intentando fraguar, y que la opinión pública no desee retroceder cien años, cuando la prostitución era igual o más densa, pero con más desgracias personales.
¿Y la red?
¿Y la red, cómo la controlarán? ¿Habrá ciberpatrullas antivicio? ¿Prohibirán los chats, los ganchos subliminales? ¿No se podrán constituir clubs para la libertad sexual? ¿Todo caerá bajo la férula de "o te capas o te casas" y de que "se mueran los feos"?
Por cierto, las asociaciones que incidan en este ámbito ¿deberán ser supervisadas y vigiladas por la autoridad competente? ¿habrá que reformar la ley de asociaciones? Comentarios como este ¿será apología del vicio?
Centella no removerá el entramado económico, pero va a poner la casa patas arriba. Y que no quepe la menor duda de que los integristas lo intentarán, sabiendo que estamos en una época en la que cada cosa que se mueve es para peor y para atrás en su beneficio.
¿Y las masajistas?
Y por supuesto, masajistas, cuidado, los estudios de formación profesional pudieran servir para ser imputadas. Porque se podrían sospechar indecentes prácticas masturbatorias. Y, fisioterapeutas, alerta, que a nadie le dé calambres en glúteos, aductores o piramidales, que toda esa zona es erógena. Suena a chiste, pero en EEUU han detenido a gente por ver a los Simpsons en actividad sexual, y han cubierto con telas la desnudez de estatuas grecolatinas.
Los bombardeos de Irak no les impresionaron, pero sí unos genitales de marmol.
En definitiva
¿Triunfará una ley prohibicionista que no se aplicará, que a todos perjudicará, que nada solucionará y que será aprovechada por quienes saben convertir la ilegalidad en chantaje?
¿Entraremos en una época en la que las calles serán patrulladas por los "antivicio" y los clientes tendrán que ocultar su rostro con el ala del sombrero, para no ser captados por las cámaras de vigilancia?
¿Volverán las trabajadoras del sexo a la calle, a las pensiones inmundas, a las cafeterías semiiluminadas, a los obligados ganchos para que les busquen clientes, al estigma, a la institucionalización de la desigualdad, a la marginalidad social, a la marginación moral?
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¿O terminarán todas y todos (los clientes también, como medida educativa) sirviendo en casas de damas catequistas, por la habitación y los alimentos? (en el siglo XIX no había paro por la altísima tasa de personbal doméstico en las casas de los ricos).
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