La Biblia dice así:
"...30 Pero Lot subió de Zoar y moró en el monte, y sus dos hijas con él; porque tuvo miedo de quedarse en Zoar, y habitó en una cueva él y sus dos hijas.
31 Entonces la mayor dijo a la menor: Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra.
32 Ven, demos a beber vino a nuestro padre, y durmamos con él, y conservaremos de nuestro padre descendencia.
33 Y dieron a beber vino a su padre aquella noche, y entró la mayor, y durmió con su padre; mas él no sintió cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó.
34 El día siguiente, dijo la mayor a la menor: He aquí, yo dormí la noche pasada con mi padre; démosle a beber vino también esta noche, y entra y duerme con él, para que conservemos de nuestro padre descendencia.
35 Y dieron a beber vino a su padre también aquella noche, y se levantó la menor, y durmió con él; pero él no echó de ver cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó.
36 Y las dos hijas de Lot concibieron de su padre.
37 Y dio a luz la mayor un hijo, y llamó su nombre Moab, el cual es padre de los moabitas hasta hoy.
38 La menor también dio a luz un hijo, y llamó su nombre Ben-ammi, el cual es padre de los amonitas hasta hoy..."
Sin embargo, los cuadros que a lo largo del tiempo representan el texto, más bien muestran otra cosa. El protagonista no es un hombre ebrio de quien se aprovecha una erección inconsciente, sino un anciano, sí, pero en pleno vigor, con un cuerpo hercúleo y presumiblemente activo. No se le ve penetrando a sus hijas, pero todo incita a imaginar que lo hará. No está tendido en el suelo, sin sentido, como un fardo inutil. Muy al contrario, todos los tiempos nos hablan de lo mismo: de un incesto doloso, ni siquiera culposo, y menos inextente, al menos por parte del padre. Es curioso que esto sea así cuando en muchas de las etapas en las que se realizó tal repersentación, imperaba una Inquisición inclemente.

No sería extraño en un Picasso iconoclasta y descreido, pero extraña en esos otros maestros, la mayoría de ellos píos, que más bien parece que han utilizado un texto religioso para permitirse una liberalidad pictórica. Parece como si hubiera un consenso oculto para escenificar una acción sicalíptica. La cuestión es ¿por qué? ¿Había un deseo latente en ello? ¿No es tan terso todo, tal como muestra la seda exterior?



Quizás la conclusión que haya que sacar para el presente es la de que no hay que tomarse las convenciones muy en serio, porque, bajo la piel, existe el acuerdo general de traspasar los límites y disfrutar de eso que todos deseamos y muchos no reconocen. Así que, cuidado los excesivamente serios. Igual los prohombres de la moral a escondidas se carcajean de ellos.
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