
Todos tan embebidos en sus móviles u ordenadores; todos tan poseidos de que han alcanzado el límite de la libertad y de la modernidad, que da la sensaciòn de que tantas cosas precisamente impiden ver lo que se tiene delante.
Por ejemplo, estas ilustraciones de Avril, un artista más entre miles dedicados a la grafía del erotismo. No hay variación sexual que no se haya representado: zoofilia, homosexualidad, sodomía, felación, cunnilingus, gerontofilia, tribadismo, lesbianismo, sexo múltiple, masturbación, instrumentos sexuales, trios... nada escapa a su ojo y obra.
Sin embargo, como decíamos arriba, creemos que hemos descubierto ahora el océano. Pensamos que la cámara fotográfica inventó la pornografía, y que internet la popularizó. Y no, estas son obras que demuestran que el mundo se descubrió hace muchos milenios, lo que ha de llevarnos a una reflexión fundamental:
No han cambiado los contenidos, sino los instrumentos para disponibilizarlos. Pero nosotros nos quedamos en los instrumentos, en la superficie. Un móvil es un invento extraordinario, sobre todo profesionalmente o para situaciones de emergencia. Pero más bien se malgasta para dos resultados no totalmente idóneos:
Enriquecer a unas empresas que no tienen límites en su ambición y afán de lucro, y para sostener unas conversaciones intrascendente que desmerecen al artilugio. Es más: el grupo está reunido y no habla. Se separa y comienzan a llamarse para gastar dinero y no decir nada. El medio ha devorado al fin.
Y el fin ha existido siempre. Lo importante no es hablar a distancia, sino hablar. Lo importante no es hacer una foto, sino captar el significado de ese trozo de realidad, en este caso, la expesión de un sexo libre y valiente, tal como nos lo muestra Avril.
Pero todo esto no interesa ¿por qué? porque ahora mismo nos llaman por el móvil y hemos de atenderlo con urgencia porque tenemos prisa para ir a ningún lado. Esa prisa nos impedirá comprender que no hay nada nuevo bajo el sol, sino matices, y que es muy importante compararlos y estudiar si se avanza o se retrocede en ellos.
¿Qué impresión me han producido estas obras? Principalmente que el sexo es algo normal, que no tiene la trascendencia que se le quiere dar, y que los antiguas lo vivían con mayor normalidad y despreocupación que nosotros, que nos hemos vuelto arrogantes y sabelotodos, pero más bien inexpertos a la hora de la verdad. Porque que ahora se comiencen las relaciones sexuales a los 15 ó 16 años no significa que se sepa más de sexo.



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