Esta joven es Sherry Lane cuando estudiaba arte. Ha transcurrido el tiempo; sin embargo, su rostro sigue siendo agradable.

   

Abajo se nos insinúa una de sus rodillas, envuelta en una media azul. No es fácil imaginar cómo a su edad serán sus piernas. Hay anglosajonas que se mantienen muy bien. Pasa como con las japoneses, en la que algo las suele proteger de los estragos de la edad. En definitiva, que esa rodilla crea espectativas que no sabemos si serían colmadas si subiéramos la falda hasta el nacimiento de los muslos.; menos si bajáramos sus bragas. Unas partes se estropean más que otras. El rostro  más que el cuerpo, las nalgas más que los muslos, los pechos más que las rodillas (nada de lo dicho lo he tenido muy claro). No creo que  mis palabras puedan ofenderla; si las leyera entendería que la considero mujer, que es lo más importante.  

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Sin embargo, nos preguntamos, entre ambas fotos, la de juventud y la de madurez ¿qué cosas habrán ocurrido). Todos los pintores son una especie de voyeuristas. Por otra parte, es además una buena excusa para mirar y admirar cuerpos desnudos. Supongo que las estudiantes de pintura tendrán ocasión de ver los penes de sus modelos. ¿Alguno de ellos habrá entrado en erección mientras los dibujaban? Es más, ¿a alguno le habrán pedido que entre en erección para dibujarlo así? ¿O le bastará la memoria a aquellas que la tengan?  

   Mira Sorvino in The Dutch Master segment of Erotic Tales. in Erotic Tales  

El cuadro de abajo es de Sherry (ya hacemos como los americanos, que nos familiarizamos pronto con todo, lo llamamos por su nombre y nos  apoderamos de ello con soltura). Ayer vi en tv a una española que se llamaba Angie. ¿Cómo se pronunciará: angi, anyi, angie, anyie? A lo que ibamos: Cuando Sherry pintó esto, ¿había hecho ya alguna felación? ¿lo pintó mientras una pareja hacía un 69 frente a ella? ¿Lo vió a escondidas? ¿A sus padres? ¿A algún hermano o hermana, mayor, menor? La cuestión es que el asunto le interesó, en cuanto que lo refleja. Está bien que la mujer exteriorice estos gustos. Hasta hace poco (poco pueden ser decenios) parecía que las mujeres no tenían deseos. Y antes de antes parecía que no tenían coño. Un absurdo, porque sí lo tenían, y follaban como los hombres, en cuanto que se acostaban, acuestan con ellos. Siempre se habla de la promiscuidad del hombre, sin embargo, por lo general, donde hay una polla en acción, también habrá un coño receptivo. No creo que el asunto se pueda resolver arguyendo que para cada hombre activo, hay una mujer pluriactiva. La cuestión es que esta dama (y otras muchas) nos ha permitido saber que a las mujeres les gusta chuparla. Suena mal, pero así se dice. Ya lo dije ayer: "Follar y chupar", palabras de una actriz encarnando un personaje de ficción. Pero lo dijo con su boca. Y no cabe decir, lo felacionó. Y decir, le hizo una felación, es muy largo. Otra digresión: Persona proviene de máscara. ¿Cuanto tiempo ha estado la mujer enmascarada, sobre todo su deseo? He aquí un fallo del feminismo: se queja del idioma sexista, sin embargo, en esta ocasión, con una palabra muy  importante --eje de nuestros derechos más fundamentales, menos los de comer y ganar un salario decente-- utiliza solamente el femenino. No hay el persono. No existe sujeto masculino de derechos fundamentales. En fin, que viendo este cuadro, nos podemos imaginar a la autora desnuda, entre los muslos de su acompañante, y con un pene en la boca. Sería bonito un cuadro donde ella a su vez fuera sujeto pasivo de una comida de coño, de un cunnilingus. Sólo la punta de la polla esta dentro de la boca. Está bien, ese detalle induce la sensación de acción. Imaginas al restro del tronco de carne entrando completo en la boca. Debería haber más artistas eróticas. Son el mejor reflejo de una sexualidad libre de prejuicios. Hay muchos artistas eróticos  masculinos. Deberían ellas ser valientes, y corresponder a lo que hemos dicho: salvo casos de homosexualidad, donde hay una polla metida, debe haber un coño abierto. El lenguaje es intencionado. No es que sea naturalmente grosero, sino que se quiere encebollar el sexo, es decir, meterlo dentro de tantas capas de urbanidad, que al final no le quede, como a la cebolla, corazón.