La palabra "persona" proviene del griego clásico y significaba máscara, personaje.

La palabra obsceno, a su vez, significaba fuera de escena. 

 

Es decir, que la moral, atendiendo a la etimología de ambas palabras, es aquello que está, estaba, dentro de escena.

Pero, lo que está dentro de escena, lo correcto ¿es la farsa, el teatro?  ¿Son los espectadores, frente a los actores, personas obscenas? ¿son máscaras fuera de escena? Y al decir máscaras, ¿siguen siendo actores? ¿o son actores que se han quitado las máscaras? Entonces ¿dónde está la realidad?

Algo de todo esto debe haber en los sustratos léxicos y culturales de nuestras sociedades. La civilización tiende a cubrirse, taparse, enmascararse. ¿Acaso oculta sus vergüenzas?

No todas. A los héroes de guerra les ponen medallas por derramar sangre (y conseguir que fluya oro a las arcas de los más nobles), los elevan sobre podios, los hacen visibles en monumentos, galerías, referencias históricas.

Está claro que el semen y la sangre no tienen la misma consideración, aunque el flujo de uno pueda significar vida, y la de la otra muerte.  Pero claro, si la muerte es la del prójimo el asunto carece de importancia.

Si, por el contrario, el flujo del semen se desliza hacia la vagina de una hija soltera ¡oprobio y vergüenza.

De cualquier forma, el rostro cubierto y las "vergüenzas" ¿al aire?